miércoles, 1 de febrero de 2017

Semana No1

                                                             Empezando semestre

El profesor llegó a las 6:50 a.m. Más o menos. Vestía una chaqueta de cuero negra, con una camisa naranja, un pantalón negro, también usaba unas gafas de color blanco y negro, creo.  Cuándo empezó la clase, a un poco más de las siete de la mañana, se presentó como Juan Sebastián Cobos Munévar, egresado también de la Sabana. Nos contó sobre su vida profesional y cómo se convirtió en un profesor de la Sabana y algunas otras universidades, incluso nos contó experiencias como profesor y nos pidió cautela en cuanto a la ortografía en los trabajos. Porque de no ser así, nos bajaría un par de décimas, dos por cada error para ser exacto.

Después de decirnos eso, nos mostró una imagen de un trabajo de algún estudiante suyo, en ella, había errores ortográficos como si fuera en un trabajo de colegio. Creo yo, fue intencionado porque es imposible que el auto corrector del computador permita ese tipo de errores. Fue muy graciosa, pero si lo vemos desde otro punto de vista, es triste y aunque estoy completamente seguro de que yo no cometería toda esa serie de errores, me hace reflexionar sobre nuestro modo de escribir. Debemos ser muy cuidadosos y precisos con nuestros escritos, esto es porque nuestro medio de comunicación son las palabras, no importa si no estudio comunicación social o vaya a trabajar en medio escritos de una editorial, la escritura es demasiado importante a la hora de presentarse como profesional.

En cuanto a temas de clase como tal, nos explicó sobre los niveles de escritura, son cuatro: el literal, el inferencial, el intertextual y el crítico-analítico. El nivel uno, el literal, es preciso y exacto, no cuenta detalles precisos. El inferencial, en él solamente se hacen suposiciones. El intertextual es en el cual se hacen relaciones con contenidos previamente vistos o con experiencias de la vida personal y, finalmente,  el crítico-analítico tiene como objetivos principales: opinar, criticar y detallar sucesos.
Él nos contó un objetivo de su clase, espera que todos logremos, por lo menos, un nivel de escritura intertextual. Esto porque en nuestras carreras, es algo fundamental. Todo esto lo explicó mientras los estudiantes le dábamos nuestras opiniones acerca de nuestras suposiciones acerca de el significado de cada una y lo copiaba en el tablero para hacer una especie de escalera en la cual el peldaño más bajo era el literal y el más alto era el crítico-analítico, basado en lo que él nos enseñaba y lo nuestras opiniones sobre el tema.

Después de explicarnos lo anterior, nos pidió un dibujo, lo primera cosa que nos viniera a la mente en una pequeña hoja de papel y después se lo debíamos entregar. El objetivo de aquel ejercicio era repartir esos dibujos y ver cuál era nuestro sentido de intuición y nuestra manera de escribir de modo inferencial, basado en los dibujos de nuestros compañeros. Así empezamos a dibujar y, en mi caso, dibujé una sala de cine con el símbolo de Pixar en la pantalla y, traté de dibujar, el castillo que representa a Disney, pero, por desgracia, no salió.

Cuando acabamos, recogió todos los dibujos y, aleatoriamente, los fue repartiendo para ver lo intuitivos éramos nosotros. El dibujo que me entregó, era la placa de un carro. Al principio no sabía cómo interpretar aquel dibujo porque no soy muy bueno a la hora de suponer o dar detalles específicos y también estaba el hecho de que no sabía como analizar a una persona pensando en la placa de un carro. Finalmente, en los últimos dos minutos, lo único escrito en ese papel fue: “seguramente es un amante de los carros, ama su carro, quizás lo idolatra”.

El profesor tomó nuevamente los dibujos, esta vez, analizados por nosotros y procedió a leer los escritos. Uno por uno fue leyendo nuestras suposiciones sobre el significado de cada uno de los dibujos. Hubo, por ejemplo, el caso de una chica que había dibujado un cubo u otro chico que había dibujado un balón pero no parecía uno entonces lo confundieron con algo más, un planeta.
Otra chica había dibujado una cámara fotográfica y en el lente tenía el dibujo del planeta tierra, o en el caso de un amigo mío, él dibujó un televisor con “un personaje de Breaking Bad”, pero debo admitir que no se parecía nada, solamente al dibujo de un niño. Cuando llegó el momento de presentar el que yo había analizado, el profesor se río y le preguntó al compañero, dueño del dibujo, que, si había acertado en algo, él dijo que en parte era cierto, pero que, en el caso de la idolatría a su carro, pues, que había sido exagerado. Entonces el profesor le preguntó sobre el carro que tenía y él respondió que tenía un Renault sandero y que si quería mucho su carro pero que la principal razón por la que había dibujado la placa de su carro era que no tenía ninguna idea mejor sobre que dibujar. En el momento que el profesor tomó mi dibujo yo esperaba que, la persona que lo hubiera analizado, entendiera mis dibujos relacionados con Pixar y Disney ya que no estoy ni cerca de ser un buen dibujante. El profesor empezó a leer lo que dice (digo en presente porque aún conservo el dibujo): “es alguien que le gusta el cine animado. Tal vez, le gustaría trabajar en Pixar…” (el dibujo de Disney no funcionó) “… Le gustaría que su trabajo llegue a muchas personas. Es una persona muy creativa.” Después de eso, el profesor me pregunto que si habían acertado en cuanto a mi dibujo. Yo le dije que sí, que me sentía muy identificado con la descripción dada, pero que, en cuanto a la creatividad, no soy ni la mitad de la mitad de lo creativo que, de verdad, anhelo ser.  
Ya para terminar la primera clase del semestre, el profesor nos explica la tarea semanal que nos hará mejorar en cuanto a la escritura que deberíamos alcanzar y nos explica que la escritura es como un musculo, que para que se haga fuerte, hay que entrenarlo y que con ese entrenamiento es que se puede cumplir uno de los objetivos de la clase, antes nombrado, el convertirnos en pensadores, mínimo, intertextuales. Ese trabajo consiste en escribir 1200 palabras describiendo las dos horas de clase, de la manera más detallada posible. Siendo verídico y preciso.
Seguramente con el fin de poder describir una serie de sucesos simples como los de la clase para que más adelante podamos escribir historias sobre las personas sin necesidad de recurrir a exageraciones o cosas inventadas.
Ya al final de la clase, nos dijo qué lecturas teníamos, para cuándo y de qué manera debíamos entregar los escritos, también dio una serie de indicaciones sobre la clase.



Juan Manuel Mosquera Toro
Comunicación  Audiovisual
Unisabana

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